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              El profesor de Derecho Christopher Stone en 1972 se preguntaba en su ponencia “Tienen representación legal los árboles?” (Should trees have standings?)  Aquella pregunta inicial postulaba un desafío al paradigma legal y daría comienzo a toda una elaboración sobre el estatuto jurídico de la naturaleza.

La tesis de Stone era la siguiente: como objetos naturales, los árboles tienen derecho a representación legal, en cuanto pueden ser dañados directamente y en cuanto pueden beneficiarse también directamente en caso de reparación. La idea de Stone surgió como respuesta al juicio sobre “Sierra Club versus Hickel” en Estados Unidos, que se decidía por esos días, y donde el grupo conservacionista Sierra Club demandó a Walt Disney, que pretendía construir un resort invernal multimillonario en un valle de la Sierra Nevada, único en cuanto a su biodiversidad.

El proyecto significaba la destrucción de ese enclave natural, y las voces de los ambientalistas apuntaron al daño estético y al impacto en el balance ecológico. Sin embargo, su demanda fue rechazada, pues el grupo como tal no pudo demostrar que, de construirse, se vería dañado.

Ante eso, Stone planteó la siguiente propuesta: ¿Por qué mejor no hacer que Mineral Valley (el valle en cuestión) sea el demandante –representado por un guardián o tutor legal–, si es a éste al que pretenden destruir?

Después de todo, continuaba Stone, el desarrollo del derecho, así como el de la ética, ha sido el de una permanente ampliación del círculo de quienes consideramos objetos legales y morales. Y, por lo demás, otras entidades mucho más abstractas que un bosque o un valle poseen hace rato ya firmes derechos legales, como es el caso de los Estados y las corporaciones.

La teoría de Stone tenía asidero. Y ese mecanismo se convirtió desde entonces en un nuevo instrumento legal para defender lo que antes parecía indefendible: árboles centenarios, ríos de aguas prístinas, etc.

Si bien el caso “Sierra Club versus Hickel” fue adverso a la pretensión de Stone, el juez disidente, William O. Douglas, apoyó la idea de considerar ciertos objetos naturales como poseedores de derechos, los que podrían ser ejercidos (como en el caso de los niños o de personas mentalmente discapacitadas) a través de un guardián o tutor legal.

Con los años la teoría de Stone se convertiría en el basamento del reconocimiento de los derechos de la Naturaleza.

Compartimos el texto original de Should trees have standings? que la Universidad de Harvard publica en su pagina web.

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 Godofredo Stutzin es reconocido como el padre del movimiento animalista de Chile. De profesión Abogado, fue fundador de diversos organismos, tales como el Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna y además fue, una pieza clave para la legislación ambiental chilena.

Stutzin publicó numerosos libros no sólo sobre la naturaleza como tal, sino también sobre aspectos legales o combinando ambos temas. Por ejemplo en su trabajo "La naturaleza del derecho y el derecho de la naturaleza" publicado en el año 1977 dejó plasmada sus ideas que orientaron decisiones políticas como es el caso de la Constitución de la Republica del Ecuador. Fallecio en el año 2010 a los 93 años.

En este articulo Stutzin justamente sigue la línea marcada en aquel trabajo antológico sintetizando su pensamiento y a su vez su convencimiento desde la óptica de un activista pero también de un profesional del derecho, lo cual nos brinda una perspectiva pragmática con fundamentos teóricos superadores.

Stutzin no arriesga en términos y postula que reconocer a la naturaleza como una entidad dotada de derechos es jurídicamente posible y necesario.

También es quien por primera vez en el año 1984 comienza hablarnos del nacimiento de una nueva rama del derecho, a la que describe como "Derecho Ambiental o Derecho del Entorno" pero a los efectos de evitar un encasillamiento antropocéntrico la redefine como "Derecho Ecológico".

En su derrotero al reconocimiento como sujeto de Derecho, el autor chileno describe los distintos aspectos de la Naturaleza y desanda en los argumentos para sostener esa proposición que la ve como imprescindible y práctica.

Se trata de un articulo de culto que nos enorgullece compartir de un profesional del derecho precursor del ambientalismo latinoamericano.

"La elevación de la categoría jurídica de la naturaleza, se traducirá, sin duda, en el mejoramiento de su condición social y, por consiguiente, en la adopción de políticas y normas de conducta que la favorecen. Se respeta a quien goza de derechos, mientras que se desprecia a aquel que carece de ellos. El efecto psicológico del reconocimiento de los derechos de la naturaleza podrá llegar a ser más importante que los efectos netamente jurídicos de este reconocimiento, tal como ha sucedido cada vez que se ha ampliado el ámbito de los derechos humanos."  Godofredo Stutzin

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Maria Valeria Berros es doctora en Derecho de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, becaria del CONICET. Cofundadora de la Red de Abogados de Pueblos Fumigados y de la ONG Capibara Naturaleza y Derecho. Valeria es una las principales exponentes de la doctrina jurídica nacional en postular el reconocimiento de los animales y la naturaleza como sujetos de derechos.

En este artículo, Valeria, efectúa un recorrido por las normativas y documentos que se salen de la dicotomía moderna entre naturaleza y sociedad. Dicotomía que, en el plano jurídico, coloca a la naturaleza como objeto del cual puede el humano servirse. En un principio de manera ilimitada aunque luego con ciertos matices y restricciones debido al conocimiento sobre lo agotable de los denominados recursos naturales, lo que generó diferentes estrategias de protección desde lógicas vinculadas con una ética antropocéntrica más o menos acentuada.

 Estas herramientas jurídicas disponibles que reconocen derechos a la naturaleza – intentando quitarla de su calificación como objeto explotable o a proteger como ambiente del ser humano -, comienzan a ser movilizadas por diferentes actores sociales.

Este es el punto que interesa trabajar en la segunda parte de este estudio bajo el interrogante sobre cómo se están comenzando a utilizar estas herramientas y cuáles podrían ser sus proyecciones.

A ello se agrega la intención de elucidar las agendas de trabajo que comienzan a visualizarse en esta suerte de experimentación en marcha que implica variados desafíos por afrontar.

Compartimos gustosamente el trabajo de Valeria pues nos nutre de su conocimiento y una perspectiva jurídica necesaria para la praxis en defensa de la naturaleza y la biodiversidad.

"La naturaleza como sujeto de derecho, pensado, propuesto, problematizado y en la actualidad como parte de algunas legislaciones vigentes, permite comenzar a transitar un camino interesante en el que podría reconstruirse el sentido que se va atribuyendo a tales normativas por parte de distintos operadores jurídicos y de quienes las ponen en movimiento al judicializarse los conflictos."    Maria Valeria Berros    

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