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Naturaleza de Derechos - 11 de Setiembre  de 2015.

ES LA SALUD DE LOS NIÑOS,

IMBÉCILES.

 A propósito del burdo informe de la Academia Nacional de Medicina de la Argentina en relación al dictamen de la IARC sobre el glifosato.

En el marco de la causa judicial de la Escuela Rural fumigada con agrotóxicos en el Paraje El Relincho, Partido de Coronel Suárez, Provincia de Buenos Aires, "Caso Grynberg" que tramita en el Juzgado de Ejecución Penal Nro 1, del Departamento Judicial de Bahía Blanca, a cargo del Dr. Claudio Brun,  la Academia Nacional de Medicina de la Argentina cumplió con el requerimiento judicial de elaborar un informe en relación al dictamen de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) - órgano que funciona dentro del ámbito de la Organización Mundial de la Salud (OMS) - que en el Mes de Marzo de 2015 clasificó al agrotóxico glifosato como una sustancia con probables efectos cancerígenos en la salud humana.

Los objetivos de la Academia Nacional de Medicina, entre otros, es evacuar las consultas que le formulan los poderes públicos, promover  la investigación científica y expresar opinión sobre asuntos de interés trascendente de carácter médico. Aunque su intervención el juicio de la Escuelita Rural fumigada de Coronel Suarez, ha sido verdaderamente penosa.

En efecto la Academia presentó - con la firma de su Presidente el Dr. Roberto Pradier y el Secretario Dr. Antonio de los Santos - un burdo, escueto y malintencionado informe sobre el dictamen de la IARC en relación al glifosato, de apenas un poco más de una carilla de extensión. Dicha presentación no podría siquiera estar a la altura de un trabajo práctico de un alumno del primer nivel de enseñanza.

Concretamente la Academia debía emitir un informe objetivo, sin  embargo el ente académico, fue mas allá de ese cometido evidenciando un obrar que no se condice con los objetivos que enmarcan  su funcionamiento y con la sana objetividad científica que debería primar en sus opiniones.

La Academia reconoce que la IARC declaró como probablemente cancerígeno al Glifosato. Escuetamente refiere:

 "De acuerdo al informe especializado (sic) esta Academia "ad referendum" del Plenario Académico informa: La Agencia internacional para la Investigación sobre Cáncer (IARC, por sus siglas en Ingles y Francés) publico el volumen 112 de sus monografías con una evaluación por un panel de 12 científicos de diferentes países sobre la carcinogenicidad de diferentes pesticidas, incluyendo el glifosato. Este es un herbicida de amplio espectro, muy empleado en más de 750 diferentes productos en agricultura, forestación y en aplicaciones urbanas y domesticas que se usan, principalmente, en especies genéticamente modificadas para ser inmunes a su acción herbicida. La IARC lo ha encontrado capaz de ser carcinogenético en animales y en humanos de aumentar el riesgo de padecer un linfoma No Hodgkin, de ser genotóxico y responsable de stress oxidativo. Por ello, lo han incluido como un carcinógeno de categoría 2A, es decir, "probablemente capaz de ser carcinogénico en humanos" pero aclara que la evidencia en humanos es limitada.”

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El Plenario de la Academia Nacional de Medicina de la Argentina.

Una Niña Refugiada Ambiental en el norte argentino, victima del uso de los agrotóxicos en la agricultura.



Sin embargo, sin que se lo haya requerido la justicia, renglón seguido y con la clara intencionalidad de neutralizar el alcance del dictamen de la IARC, el informe de la Academia señala que "la publicación de la IARC no ha sido unánimemente aceptada y la prestigiosa publicación "Nature" analiza las posibles fallas en el fundamento científico de la conclusión de la IARC".

El artículo de la Revista Nature al que refiere la Academia, fue publicado días posteriores al dictamen de la IARC, se titula  "Widely used herbicide linked to cancer" y pertenece al periodista en temas científicos y pro transgénicos, Daniel Cressey.

No puede pretenderse - como cínicamente lo hace la Academia Nacional de Medicina - darle igual entidad y valor científico a un artículo de opinión - con una visión absolutamente parcial e interesada - publicado en una revista de divulgación científica que al trabajo a destajo de un comité de 12 científicos con antecedentes incuestionables que durante un tiempo razonable evaluaron más de un centenar de trabajos científicos publicados y refrendados, en el marco de un organismo de considerable prestigio como lo es la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer.

La Academia no puede desconocer y vilipendiar con el argumento de una publicación periodística, el valor encomiable del trabajo de la IARC, menos aun bajo la consideración genérica y difusa de que no ha sido unánimemente aceptado, como si Monsanto, Apreesid, Casafe o la misma revista Nature  fueran parte de la comunidad científica.

 

 El informe desaprensivo y malintencionado de la Academia esconde intereses espurios que deben ser revelados. No podemos admitir que estos entes académicos, que deberían estar al servicio de la salud pública y de la comunidad, sean en realidad un antro de operadores de la ciencia que disponen del conocimiento científico tal como si administraran un emprendimiento comercial.

En la causa judicial Grynberg, donde se requirió la intervención de la Academia Nacional de Medicina, está en juego la salud pública y los derechos humanos de más de 30 niños que diariamente concurren a una escuela rural que es afectada por las fumigaciones con agrotóxicos, alambrado de por medio. Por ello, esos chicos se merecían una actuación acorde a las circunstancias de estos señores sentados en el cetro de la ciencia médica argentina. Pero su respuesta fue mercenaria.

Y decimos mercenaria porque va en sintonía en proteger los intereses  que la misma Revista Nature  defiende  abiertamente (y que por ello - con toda lógica - la Academia cita) al santificar y promover el uso de agrotóxicos - como el glifosato - en la producción de los alimentos, considerando solo los enormes beneficios de mayor rentabilidad  económica  que aquellos representan para la industria biotecnológica y soslayando, por completo, las gravísimas externalidades socioambientales en la salud humana y biodiversidad - que centenares de trabajos científicos ponen en evidencia-. Muchos de esos trabajos, son producto de nuestra universidad pública y fueron reseñados en el dictamen de la IARC, pero ignorados por la Academia.

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No puede pretenderse - como cínicamente lo hace la Academia Nacional de Medicina - darle igual entidad y valor científico a un artículo de opinión - con una visión absolutamente parcial e interesada - que al trabajo a destajo de un comité de 12 científicos con antecedentes incuestionables que durante un tiempo razonable evaluaron más de un centenar de trabajos científicos publicados y refrendados, en el marco de un organismo de considerable prestigio como lo es la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer.


Por ello, es burdo y descabellado  que la Academia Nacional de Medicina coloque en un mismo nivel, los criterios voluntaristas expuestos en un articulo de opinión de un periodista en una revista de divulgación científica  y las conclusiones objetivas de investigadores con acreditada carrera académica  (entre ellos, algunos argentinos) insospechados de parciales. Sin perjuicio de ello, la precaria entidad argumental de recurrir a un articulo periodístico con el afán de desvirtuar las conclusiones de la IARC habla - a todas luces - de la fortaleza inconmovible de éstas últimas.

El informe mezquino y malintencionado de la Academia Nacional de Medicina fue impugnado judicialmente. De por si provoca indignación y es una muestra más del grado de crisis moral sistémica que tiene nuestra sociedad, que enferma y mata a humanos – principalmente niños - y aun ante el pedido de advertencia, de ayuda y compromiso, se hace la distraída y deja enfermar y matar.

En el caso de la Academia Nacional de Medicina, ya sabemos con qué bueyes aramos, también cuales son las exigencias judiciales a nuestro alcance ante tamaña irresponsabilidad y desvergüenza en la praxis médica de dar una opinión técnica.

 

Del mismo modo, tenemos la respuesta vehemente urgente y necesaria  que surge para dar - sin restricciones ni censuras - a estos cónclaves del ostracismo intelectual : se trata de la salud de los niños, imbéciles.

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El burdo informe de la Academia Nacional de Medicina de la Argentina

sobre el dictamen de la IARC declarando como probable cancerigeno al agrotóxico glifosato.

Fotos de los Niños: (1) Alvaro Ybarra Zabala y (2 y 3) Pablo Piovano.